Dólar quieto, real en caída: ¿la industria aguanta?
Mientras el real brasileño se depreció 9,15%, el peso cayó apenas 1,5% frente al valor previo a las elecciones. Analistas advierten que la brecha puede restar competitividad y afectar las exportaciones; Luis Caputo sostiene que el tipo de cambio no es la variable central.
Por Redacción de Te Lo Digo Así

El real perdió 9,15% de su valor y el peso argentino apenas se depreció 1,5% frente al viernes previo a las elecciones. La diferencia puede encarecer en términos relativos los productos argentinos frente a los brasileños, un riesgo para la competitividad industrial y las exportaciones.
La estabilidad del peso se refleja en el índice de tipo de cambio real multilateral del Banco Central (BCRA), que compara los precios de los bienes y servicios argentinos con los de los 12 principales socios comerciales. Desde el viernes previo a las elecciones, el indicador bajó de 83,33 a 82,13: cuanto más bajo es, más apreciado está el peso y menos competitiva puede quedar la producción local.
Para contener el movimiento cambiario, el Gobierno combinó varias herramientas: el BCRA pasó varias ruedas sin comprar dólares, el Tesoro vendió divisas y hubo intervención oficial en los mercados que ofrecen cobertura cambiaria. Pero las advertencias privadas apuntan a que esa estabilidad puede tener costos si se prolonga.
Analytica señaló que el mercado brasileño corrigió sus expectativas y ahora espera para fin de año un real similar al actual, un 6% más bajo que lo previsto en el informe Focus de la semana previa a las elecciones. Criteria, por su parte, advirtió que la apreciación del tipo de cambio real y los episodios de intervención del Tesoro abren interrogantes sobre cuánto puede sostenerse la estabilidad, especialmente ante shocks externos o cambios en la oferta y la demanda de divisas.
GMA Capital planteó otro riesgo: el fortalecimiento del peso, combinado con una mayor prima de riesgo, difícilmente pueda prolongarse sin algún ajuste. La consultora indicó que, si el riesgo país no baja, las presiones podrían trasladarse al frente cambiario.
El impacto también puede llegar a las exportaciones a Brasil. Analytica calculó que, si el dólar en ese país subiera entre 10% y 15% respecto del cierre previo al balotaje —R$4,98—, llegaría a un rango de entre R$5,48 y R$5,73. En ese escenario, las exportaciones argentinas a Brasil podrían caer entre 3,6% y 8%, según el crecimiento de la economía brasileña.
Tomando como referencia exportaciones estimadas para 2026 por unos US$13.000 millones, la baja equivaldría a entre US$470 millones y US$1.040 millones, estimó Analytica. El impacto podría moderarse si el peso se depreciara para acompañar al real o si la inflación brasileña fuera mayor. La consultora aclaró que una reducción de ese tamaño no sería decisiva para las cuentas externas, pero sostuvo que cualquier baja en la oferta de dólares pesa más en un año electoral, cuando suele crecer la demanda para atesoramiento.
Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, señaló que la apreciación del tipo de cambio real, producto de las exportaciones de energía, no se tradujo en una mejora del ingreso real de los hogares: puede aumentar el ingreso de dólares mientras cae el poder adquisitivo si suben los precios regulados o los alimentos. Analytica también advirtió que el comercio con Brasil es muy sensible al tipo de cambio, porque ambos países tienen canastas importadoras y exportadoras similares.
El Gobierno tiene otro diagnóstico. Luis Caputo afirmó en la conferencia anual de FIEL que el tipo de cambio es una de las variables que menos influye en la competitividad, y puso el foco en los impuestos, las regulaciones, el costo financiero y la logística. Según el ministro, si una pyme pudiera bajar su tasa de financiamiento del 80% actual a un rango de entre 35% y 40%, el ahorro equivaldría a un tipo de cambio de $2.100.
La discusión, entonces, no es solo cuánto se mueve el dólar: también es cuánto tiempo puede sostenerse un peso apreciado sin que pierdan terreno las exportaciones y la industria. El Gobierno apuesta a que la competitividad llegue por otros caminos; las consultoras advierten que la cuenta cambiaria sigue abierta.



